sábado, 1 de enero de 2022

Un grupo de graduados, exitosos y con carreras destacadas, fueron a visitar a su antiguo profesor. Como era de esperar, la conversación pronto giró en torno al trabajo: los graduados se quejaron de las numerosas dificultades y problemas de la vida.

Tras ofrecerles café, el profesor fue a la cocina y regresó con una cafetera y una bandeja repleta de tazas de todo tipo: de porcelana, vidrio, plástico, cristal, sencillas, caras y exquisitas.

Cuando los graduados recogieron las tazas, el profesor dijo: “Si se fijan, todas las tazas caras desaparecieron. Nadie eligió las tazas sencillas y baratas. El deseo de tener solo lo mejor para uno mismo es la raíz de sus problemas. Entiendan que la taza en sí no mejora el café. A veces es simplemente más cara, y a veces incluso oculta lo que estamos bebiendo. Lo que realmente querían era café, no la taza. Pero eligieron deliberadamente las mejores tazas. Y luego observaron la taza de cada persona. Ahora piensen: la vida es café, y el trabajo, el dinero, la posición, la sociedad, son tazas. Estas son meras herramientas para almacenar la vida. El tipo de taza que tenemos no determina ni cambia la calidad de nuestra vida. A veces, al centrarnos solo en la taza, olvidamos disfrutar del sabor del café en sí.

Las personas más felices no tienen lo mejor de todo. Pero aprovechan al máximo lo que tienen. La felicidad reside en querer lo que se tiene. No en tener lo que se quiere…

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