El cansancio más profundo no proviene de hacer,
pero ya no sentía un por qué.
No es el trabajo lo que nos agobia: es la vida misma, que,
vacía de significado, se convierte en una cáscara que nos consume.
Aprendí esto por las malas:
no me cansa lo que hago, me cansa lo que no me nutre.
Estoy cansado de la rutina sin alma,
de los días que pasan sin destellos,
sin deseos que me enciendan.
La verdadera lucha es vivir en apnea.
Es sobrevivir en lugar de vivir.
Es olvidar tus propios sueños para dar cabida
a las necesidades de los demás.
Por esta razón, hoy elijo otra cosa.
Yo elijo lo que me hace respirar.
Yo elijo lo que me mantiene vivo.
Elijo lo que se parece a mí.
Porque el cansancio no se cura descansando...
...se cura volviendo al deseo.
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