Siéntate conmigo, Vida, hablemos.
Te conozco desde el día en que nací.
Me arrojaste al fuego y al humo,
y luego me arrastraste violentamente por la corriente.
Hoy estoy un poco cansada,
y quiero descansar un poco.
Ya no tengo el mismo fervor, ni la misma agilidad,
el río ha disminuido la corriente...
La Vida me respondió:
—Solo por amor
te di mis lecciones.
Para que no me desperdiciaras en vano,
para que comprendieras plenamente el valor de la vida.
Y ahora, habiendo pasado por las lecciones de esta Vida,
como alumna, puedo responder: ¡
No hay nada más precioso y dulce
que la Vida en nuestro pequeño planeta!
No desperdicien su Vida en vano, gente,
no peleen por nimiedades.
Amen esta Vida, ¡es hermosa!
¡Aprecien y disfruten cada uno de sus años!
No hay comentarios:
Publicar un comentario