
Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la modestia femenina, la discreción, la bondad y la preocupación por la familia y el hogar son siempre elogiadas y alabadas.
El propósito de la mujer cristiana es defender la pureza, la decencia y la moralidad, fortalecer el matrimonio,
preservar el amor cristiano entre ella y su esposo y entre los miembros de la familia,
ser un apoyo para su esposo, cuidar del hogar y contribuir al bienestar familiar.

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